Las empresas han conseguido que los periodistas, además de sonreír y recitar eslóganes en el ámbito entre serie y serie, digan lo mismo dentro de su zona de trabajo -aunque sea en la sección deportiva-. Uno de los principales atributos que debe tener un buen periodista es aparentar ser una persona en la que se pueda confiar, una persona que sabes que todo lo que dice no puede ser mentira. Y los periodistas deportivos están hablando contigo, intentando o contarte alguna verdad o convenciéndote sobre alguna opinión. Pero para convencer no debes hacerle pensar a la gente: "mira, como ya se le da bien decirme que el Actimel es bueno, ya puede conseguir fácilmente que me crea que las quejas de Mourhino están fundamentadas". Es muy probable que el espectador ignore tus palabras.
Podríamos achacarle la culpa únicamente a la crisis económica que nos ahoga. Las empresas han sufrido la caída de las ventas de sus productos y por este motivo intentan atraer a más consumidores. ¿Pero es que esa necesidad debe traspasar la ética periodística? ¿Acaso los periodistas de los telediarios han perdido aquel espíritu crítico y rebelde que todo joven estudiante de periodismo tiene en sus inicios?
Me gustaría pensar que no.
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