jueves, 17 de marzo de 2011

La invasión de la publicidad

Una de las múltiples y variadas cosas que nos enseñan a los estudiantes de periodismo es el concepto de credibilidad de la fuente. Y lo primero que veo nada más llegar la sección deportiva es al presentador mirar a la cámara, sonreír y explicar las ventajas que me ofrece General Óptica. En mi cabeza se suceden varias preguntas: ¿cuánto le habrá costado a la compañía la publicidad? ¿Qué se le pasa por la cabeza al presentador? Y lo más intrigante: ¿qué ha pasado para que ahora en los telediarios de las cadenas privadas aparezca tal publicidad?

Si ya nos pone enferma a la audiencia tener que esperar el final de la serie tan emocionante que momentos antes estábamos viendo, la publicidad en el único programa de la televisión que puede haber un mínimo de veracidad resulta de lo más intolerable. Cualquier presentador de telediario, si quiere mantener la credibilidad que la audiencia tiene en él, debería negarse a aceptar el cheque de la empresa. ¿Cómo quiere el presentador que me crea lo que ha pasado en Japón si momentos antes me ha contado que hay buenas ofertas en la óptica? La verdad y la mentira no pueden convivir en un mismo espacio. Sencillamente, no se llevan bien. 

Las empresas han conseguido que los periodistas, además de sonreír y recitar eslóganes en el ámbito entre serie y serie, digan lo mismo dentro de su zona de trabajo -aunque sea en la sección deportiva-. Uno de los principales atributos que debe tener un buen periodista es aparentar ser una persona en la que se pueda confiar, una persona que sabes que todo lo que dice no puede ser mentira. Y los periodistas deportivos están hablando contigo, intentando o contarte alguna verdad o convenciéndote sobre alguna opinión. Pero para convencer no debes hacerle pensar a la gente: "mira, como ya se le da bien decirme que el Actimel es bueno, ya puede conseguir fácilmente que me crea que las quejas de Mourhino están fundamentadas". Es muy probable que el espectador ignore tus palabras. 

Podríamos achacarle la culpa únicamente a la crisis económica que nos ahoga. Las empresas han sufrido la caída de las ventas de sus productos y por este motivo intentan atraer a más consumidores. ¿Pero es que esa necesidad debe traspasar la ética periodística? ¿Acaso los periodistas de los telediarios han perdido aquel espíritu crítico y rebelde que todo joven estudiante de periodismo tiene en sus inicios?

Me gustaría pensar que no. 


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